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martes, 2 de febrero de 2016

Un pastel para Jar

   La meua reiaia (reagüela) Laureana (Loriana) va ser un personatge de pes, més de 120 quilos i tenia un humor digne de destacar. Regentava un forn en el carrer del Forn, epicentre de la sornegueria pinossera, lloc de culte dels parroquians on ella era la reina mare.
   El seu fill, el meu iaio Quito era el sagristà de l'església del Pinós, i per tant la visita diaria dels capellans era un dels moments que Loriana disfrutaba per tentar-los amb la seua boca graciosa que pareixia una destral. Ells anaven al forn per a requerir al meu iaio a un servici eclesiàstic i de pas provocar en sa mare una exida graciosa. Si estava a la boca del forn: ¿Que está haciendo tia Loriana? Y ella que les respondía en castellano, lengua de la que no tenía ni idea: Metiéndola y sacándola (la pala en el horno). Una cosa que vosotros no podéis hacer.
    Tal dia com hui però fa un muntó d'anys (La Candelaria) vespra de la festa de Sant Blai, patró de la veïna Sax, feia un fred de collons, no com hui que pareix estem a l'estiu. Al Pinós nevasquejaba i els capellans es van acostar al forn i la pregunta de sempre: Loriana, qué frío hace hoy, ¿no? Y ella les responde: Sí, hoy se leen las campanas. (Hui es gelen les campanes), es lo que quiso decir. Els capellans es pixaven de la risa i van seguir traent-li xarraes: ¿Y qué está haciendo ahora? Y la frase de la reaguela Loriana: Un pastel para Jar. (Sax). Ale, aneu a fer la poca feina que feu. Fotre!

miércoles, 29 de octubre de 2014

Estalviar llum

     En el meu poble es conta que fa prou anys, un veí s'entenia amb una veïna i que havien pactat vore's cada dos dies, per mantindre una forma de discreció. I així ho portaven des de feia molt de temps. Ella tenia de malnom "la pera" que al Pinós te una vasta familia.
     Conten que l'amant mascle es va quedar adormit una nit al silló de sa casa i quan el seu fill tornaba de festa, el va vore roncant amb la llum encesa. El xic va passar sense fer soroll a la seua habitació, però pensant que allò de son pare tardaria a sol·lucionar-se, perquè roncaba de valent, desde'l llit li va cridar: Pare, s'ha deixat la pera encesa!
     I l'home sense despertar-se va pronunciar: Ja li he dit que es cada dos dies!

domingo, 6 de abril de 2014

Una cosa o altra

     Este fin de semana hay un acto para recordar a los poetas que Pinoso dio décadas atrás. Entre ellos Simón el del Carche, del que me cuentan una anécdota con chicha.
     Simón fue carnicero en la pedanía yeclana durante muchos años. No era una carnicería en toda regla, sino que mataba una cabra a la semana y la vendía en su casa. En el Carche, pedanía de Yecla, con pocos habitantes, había dos carnicerías, una en cada "barrio" por mor de estar separados por la rambla. Tomasa, una parroquiana que en esa ocasión no disponía de mucho dinero fue a comprar algo de carne. Y pidió que en un cuarto de kilo su compra semanal llevara un poco de hígado y si podía ser que le entrara una punta de chaleco. A lo que Simón, con la carne en la balanza y viendo que se pasaba en la pesada, le espetó.
     Tomasa, si te clave la punta, te saque el fetge.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Caifás y Pilatos

     Paco "el relojero", padre de Paco, Alberto y Pedro Serrano, fue actor en Els Tribunals, cuando Julián dirigía. Interpretaba el papel de Pilatos, porque su madre (que era muy beata) no aceptaba que hiciera papeles de malo, de los que matan al Señor. Como mucho consentía con Pilatos, que aunque lo condena, al final se arrepiente y se lava las manos. Su ilusión fue que su hijo (otrora fraile) interpretara el de Jesús, pero por ese papel estelar mataba quien lo tenía en su haber. Y había cola para heredarlo, así que se tuvo que conformar con Pilatos.
     Pero, siempre lo he dicho, los papeles de "malo" son los mejores de Els Tribunals, y así por orden me gustan el del Tentador, Caifás, Anás, Judas, Herodes, Centurión...
     Y Paco, el relojero, pidió el de Caifás, que en ese momento y durante tantos años interpretaba otro Paco, el cartero. Quedaron de acuerdo con el consentimiento de Julián y se cambiaron los papeles. A Paco, el cartero, le hacía ilusión cambiar una vez e interpretar al Pretor Romano. Y así ensayaron ese año.
     Pero llegó la noche anterior el estreno y repartieron los trajes, para que las madres y/o esposas le dieran algún retoque, lo plancharan y lo dejaran impecable para la función anual.
     Y cuando la madre de Paco, el relojero, que era muy beata, vio la túnica, dijo: ¡Paco, este no es el traje de Pilatos! Aclaró el actor, que era el de Caifás, porque ese año había cambiado con su tocayo. Pero chocó con la negativa de su madre, que era muy beata, y no iba a dejar a su hijo "matar" al Señor y además mofarse de su prendimiento, escarnio y muerte delante de los espectadores.
     Así que el día de la función, volvieron los trajes a sus tradicionales intérpretes y Paco, el cartero, hizo de Caifás y Paco, el relojero, hizo de Pilatos. Como dios mandaba. Y la madre de Paco, claro.
     Pero en la función, al relojero, le delataron sus ganas de hacer de Caifás y en la escena, vestido de Pilatos, se le escapó aquello: "De vil impostor le acuso...", que era frase de Caifás. El delirio se apoderó del patio de butacas, una vez más. Las risas camparon por las filas de butacas de madera.

viernes, 18 de octubre de 2013

La cola del somatén

    Hace unos cuantos trienios, el actual Tesorero y yo teníamos encomendada la recaudación voluntaria del Ayuntamiento de Pinoso. En el mostrador, entrando a la Casa Consistorial, de la izquierda, estaba la oficina donde los sufridos contribuyentes, dinero en mano, pagaban la contribución, los canalones, el agua, el impuesto de circulación, las entradas de carruajes, las rejas y balcones, etc...
    El caso que nos dejó paralizados fue que un terrateniente de Monóvar con fincas en Pinoso (más concretamente en la partida de Sonca) llegó una mañana a pagar y ante una cola considerable, cojeando se fue acercando al mostrador y dejando sobre el mármol una pistola (de calibre corto) dijo: Senyores, sóc somatén.
    Nadie le recriminó ni su "título" ni la colada. Él pagó sus impuestos y recogiendo el arma, como entró salió y aquí paz y allá Gloria. 

lunes, 15 de julio de 2013

Epitafio

     Esta anécdota ya me la contó Juanito el de la Pigua, pero no tuve la agudeza de guardarme el texto de los epitafios y ahora, gracias a su hija Lolita, ha vuelto a llegar hasta mí esta graciosa historia y la incluyo en el blog.
     Dicen que murio una pareja famosa y que quisieron hacerle un epitafio para la lápida. Tan conocidos del obispo eran los finados, que consultaron los familiares con monseñor el texto a inscribir. Le pasaron este:
     ERA TANTA SU BONDAD Y LA VIRTUD DE LOS DOS, QUE ESTÁN CON SEGURIDAD, EN EL CIELO JUNTO A DIOS.
     El obispo rechazó la propuesta porque "no podemos asegurar que estén con seguridad en el cielo junto a Dios. Eran dos buenas personas, pero... ¿quién sabe? ¿Y si tenían un pecado mortal y no están en el cielo? Escriban otro." Al día siguiente le presentaron éste:
     ERAN TAN BUENOS LOS DOS, QUE AL CIELO VAN EN POS, COMO TODO AQUEL QUE MUERE, Y SI NO ESTÁN JUNTO A DIOS, ES PORQUE EL OBISPO NO QUIERE.
     Montó en cólera: "¿Cómo que el obispo no quiere? ¿Dejaré de querer? Este epitafio tampoco vale, haced otro que no me involucre ni a mí ni a Dios". Y llegó el tercero y definitivo que para los restos reza en la lápida de su mausoleo.
     SUS ALMAS ERRANTES VAN POR EL ETER DEBILMENTE Y SIN SABER LO QUE HARÁN, PORQUE DESGRACIADAMENTE, NO SABEMOS DÓNDE ESTÁN.

domingo, 16 de junio de 2013

Pinoso CF/CNT

    El sábado después del ascenso del Pinoso CF a la tercera división, tras once años de travesía del desierto preferente (no asociar a los problemas bancarios), sobre las ocho y cuarto de la tarde, voy con mi moto Paseo de la Constitución hacia Plaça del Molí, cuando un coche me cruza a la altura del cuartel de la Guardia Civil con una bandera de buenas dimensiones asomando por la ventanilla. Sin ninguna estridencia, sin tocar el claxon, sin una voz que acompañara a la manifestación festiva.  Y se me representó la bandera de la CNT. Sabía que era la del Pinoso C.F., pero me dio un vuelco el corazón y me transporté al Madrid de la guerra, por un instante, pero ocurrió.
    Y para rematar la jugada, hoy domingo (día del Señor) veo en el facebook, que nuestro cura, Manolo, gran aficionado al fútbol, ha dejado que en el campanario de nuestra iglesia, ondee la bandera del Pinoso C.F. Y yo he vuelto a transportarme al Madrid de la guerra, por un instante.
     Y es que la bandera del Pinoso CF y la de la CNT, La Confederación Nacional del Trabajo,  los anarcosindicalistas, tiene los mismos colores y en la misma disposición.

martes, 10 de julio de 2012

Ingenio mordaz

    Me contaba un abuelo que hace bastantes años, cuando la Guardia Civil iba a pie, de un pueblo a otro, haciendo su servicio, con aquellos capotes por donde asomaba el fusil, con aquellos bigotes y tricornios que ofrecían una imagen acojonante, se encontraron con un pastor y quisieron gastarle una broma:
    Se acercaron a él y le preguntaron: Buen hombre, ¿de quién son los borregos?
    El pastor sin dejarse amedrentar les contestó: De las ovejas.
    ¿Y de quién son las ovejas?
     De sus madres, volvió a responder.
    ¿Y sus madres, de quién son?
    Del amo, señores.
    ¡Tú no tienes vergüenza! le soltó un número de le pareja.
    No, la he dejado colgada en la olivera que hay en el cruce de este camino.
    Pues nosotros hemos pasado por allí y no la hemos visto, incidieron.
    Será porque no la conocen.
    Mosqueados por la sorna del pastor, le dijeron: ¡En este pueblo debe haber mucho hijoputa!
    Y el pastor acabó la conversacion; No, los pocos que habían se fueron y se metieron a guardiaciviles.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Cancionero (II)

     Más canciones:
                       La mirada clara y lejos
                       y la frente levantada
                       voy por rutas imperiales
                       caminando hacia Dios (el Sol)
                       Quiero levantar mi patria
                       un inmenso afán me empuja
                       poesía que promete
                       exigencia de mi honor.
                       Montañas nevadas
                       banderas al viento
                       y el alma tranquila
                       yo sabré vencer.
                       Al cielo se alza
                       la firme promesa
                       y hasta las estrellas
                       encienden mi fé.
     Esta la cantábamos cada dos por tres porque seguía: José Antonio es mi guía y bendice Dios mi esfuerzo, cinco flechas florecidas... Y no entendía como florecían las flechas, ni cómo promete la poesía, ni nada de nada.
     También cantábamos canciones regionales, porque no había Comunidades Autónomas, ni País Vasco -que se llamaba Vascongadas- ni Països Catalans. Todo estaba tergiversado. Recuerdo que en los tebeos salía Caperucita Encarnada, nunca Roja.
     Pues de estas regiones de España cantábamos hasta canciones vascas: Desde Santurce a Bilbao, vengo por toda la orilla, con la falda remangada, luciendo la pantorrilla. Vengo deprisa y corriendo porque me oprime el corsé... Eso era erotismo...
     Y aragonesas: Al buen pan de Aragón, muchachos acudir, que lo vendo barato y me tengo que ir...
     Y asturianas: Asturias, patria querida, Asturias de mis amores, quién estuviera en Asturias, en algunas ocasiones. Ahora se ha cambiado esta última estrofa y se canta: en todas las ocasiones
    Termino con una que tenía su gracia: Ya se murió el burro de la tía Vinagre, ya se marchó el burro de esta vida miserable. Que tururururú....
    Y esto le hago yo a toda esta lavada de cerebro a niños de la posguerra que mamaron cuarenta años de dictadura y de allanamiento de conciencias: ¡¡¡Tururú!!!

jueves, 10 de mayo de 2012

Cancionero (I)

    Pues no he cantado yo de niño. Yo y todos los que íbamos a la escuela de don Joaquín, la conocida como la del Frente de Juventudes. Era una canción tras otra. Desde la primera de la mañana izando bandera, hasta la última de la tarde en el arriado de la misma.
     Pero en esta serie de entradas voy a recordar las que inofensivamente cantábamos a mediodía antes de ir a casa a comer. Eran canciones que los paseaban por toda la geografía española. Y todas con mensaje, y no cifrado. En corto y por derecho, para cultivar el espíritu nacional y borrar, por si quedaba, alguna secuela de la horda roja.
     Y así salí, hasta el moño de cantar esas canciones, reaccionario a todo aquello que me intentaban inculcar a la fuerza. Hubiera sido más fácil seguir la estela azul, pero me gustó más el color rojo, ¡qué le vamos a hacer!
     En materia. Vamos a algunas de ellas, subrayando en negrita lo de alienante que tenían y tienen estas letras.
     Para muestra un botón. Es el himno del carlismo, conocido por Marcha de Oriamendi. Decía así:
                               Por Dios, por la patria y el Rey
                               Lucharon nuestros padres.
                               Por Dios, por la patria y el Rey
                               Lucharemos nosotros también.
                               Lucharemos todos juntos
                               Todos juntos en unión
                               Defendiendo la bandera
                               De la Santa Tradición.  
 
     Pues este lo cantábamos y ya me chocaba a mí lo de luchar por el Rey, si teníamos Generalísimo. Y no entendía lo de la Santa Tradición.
     Otro himno que cantábamos era el de San Fernando, Patrón de la Juventud (Nacional-Sindicalista), claro.
                              A ti capitán San Fernando
                              patrón de la juventud,
                              juventud nacional-sindicalista
                              te pedimos guía y luz.

     Yo confundía lo de capitán, como cargo militar, con el capitán de un equipo deportivo. Porque siempre, en el día de San Fernando había tablas gimnásticas, partidos de fútbol. No había clase y relacionaba más el deporte con este Santo Capitán que con tres estrellas de seis puntas. Y lo que me descuadraba entonces era lo de juventud nacional-sindicalista. No entendía nada, ¿qué sindicatos? Si sólo existía el vertical l´Asens, donde trabajaba mi padre por la tarde y allí no estaba San Fernando en ningún cuadro. Allí sólo había un crucifijo y dos trapices; uno con la cara de Franco y el otro con la de José Antonio. Un lío. (CONTINUARA...)

miércoles, 25 de abril de 2012

Carocho (II)

     Carocho era un personaje singular. Vestía en invierno un capot atado a la cintura con un cordel, y tenía costumbres muy raras.
     Creía en los espíritus. Si veía un gato abandonado se lo llevaba a su casa porque veía en él el espíritu reencarnado de su padre. Esto a los niños de mi infancia, nos daba mucho juego. Nos acercábamos a él y le preguntábamos por los espíritus. Él nunca contestaba, como mucho a la pregunta de si existían, él dando una cabezada, asentía.
     La fama que tenía de agarrat se la ganó a pulso. Siempre se acercaba al mercado dominical cuando los mercaderes estaban recogiendo. En sacos arreplegaba todo lo que tiraban y dejaban abandonado en el suelo. Luego seleccionaba lo útil para él, y el resto para darle de comer a su mula. Se llegó a decir que en momentos de escasez le daba de comer cartones mojados y que la mula tenía uns retorsillons, de no te menees. De la plaza se llevaba hasta los troncos de los plátanos, y nosotros imaginábamos que se los daba bollits a la mula, que estaría tan enjuta como Rocinante.
    Carocho se vanagloriaba de comer de todo. Sólo reconocía que no había podido con la paja, que se le atascaba.
     Su vida solitaria desde la muerte de su mujer, Remedios, le sumió en un abandono a pesar de contar con dinero. Pero murió sólo, con penurias y en compañía de sus espítirus pasó a mejor vida, porque esta era ya muy fatigosa para él.

lunes, 16 de abril de 2012

El combregat del pelut

   El lunes de San Vicente, por eso es fiesta, había una procesión, donde el Santo Viático -bajo palio- iba recorriendo las calles y se le daba la comunión a los que, enfermos y postrados, no tenían opción a asistir a la misa semanal. Todavía hay pueblos donde se celebra esta festividad, como Biar, y en Pinoso se vino haciendo hasta mediados de los setenta. Y a llevar la comunión a los enfermos en valencià se le llama combregar.
     Cuenta la tradición que por los años treinta en el bar del tio Belana, se juntaba "lo mejorsico de cada casa" y a puerta cerrada, caída la noche, hacían un acto irreverente al que llamaban el combregat del pelut. Consistía en sentarse alrededor de una mesa donde el centro lo ocupaba un barral de vi i un plat en cacaus i torrat.
     El sacrílego oficiante comenzaba con una oración de este calibre: Hermanos, ¿creéis que un oficial de barbero, un sacristán y un bombero son tres personas distintas y un solo dios verdadero? Todos contestaban: ¡Sí, creemos! Pues si así creeis, continuaba, orad conmigo: Oh, figoto de la mangoto! Y el vino corría de mano en mano hasta que llegaba al último. Y el siguiente soltaba otro improperio del estilo y ronda de vino al canto. Y así hasta coger el pedo, entre risas, que tardaba en llegar por mor de la ingesta de la cascaruja. Pero llegaba y todos a casa más contentos que las Pascuas que finalizaban. Porque la fiesta de San Vicente es la que cerraba y cierra estas fiestas religiosas de primavera. 
     

miércoles, 11 de abril de 2012

Loriana y el R.P.

     La tía "Loriana" era mi reabuela. Su nombre era Laureana, pero en Pinoso, ya se sabe, los nombres sufren un poco. Así "Milio" es Emilio, "Lois" es Luis, "Lauteria" es Eleuteria, "Estrilau" es Estanislao,...
     Mi reabuela era graciosa como ella sola, pesaba más de ciento veinte kilos, y derramaba frescura. Era hornera, en el horno de la calle del Horno (actual Maisonnave) y desde su atalaya soltaba siempre por la boca lo que pasaba por su ágil cerebro.
     Tenía la costumbre de recoger a todos los chavales del carrer del Forn y llevárselos al cine Colón. Les decía: Anem, al cine, que vos convide. Y cuando lllegaba, el portero contaba uno a uno la chiquillería: uno, dos, tres..., treinta y nueve. Y ella cerrando la fila.
     Trenta nou, Loriana, le decía el portero. Tindràs collons a cobrar-me. Si tens el cine plé i ja has guanyat prou, le respondía.
     Paga tu al "menos", en un intento baldío de sacarle algo de dinero. Y "Loriana" sentenciaba. Jo que tel's porte. Toca't els ous!. Y los cuarenta al cine de balde.
     En esto llegó la inauguración del Teatro Rosario Pino. Así le pusieron al obsoleto teatro de la actual calle Infanta Cristina, porque fue la artista malagueña la que vino a cantar una zarzuela el día del estreno.
     El empresario le dijo a mi reabuela: Loriana, tu sabes que yo te dejo entrar de gratis al cine y al teatro, pero para la inauguración no puedes venir. Está todo vendido, las butacas, las plateas, no queda una silla. Además la gente vendrá mudada, porque viene Rosario Pino y es un día especial. Lo de mudada se lo soltó porque ella iba siempre con el delantal de fornera. Mudarse para ella era ponerse un delantal limpio o girar en sucio dando vuelta para enseñar la parte trasera, menos expuesta.
     No te preocupes, estate tranquilo, le dijo Laureana. Y llegó el día del estreno a bombo y platillo. El teatro lleno, la gente con sus mejores galas. Se hace la hora de comenzar. La orquesta en el foso, sale el director a saludar, se vuelve al público y como en el oeste, se abre de golpe la puerta del teatro y aparece la tía "Loriana" con un delantal nuevo, como toquilla un mantón de manila y con una silla en la mano, enfila el pasillo hasta llegar justo delante del director, que absorto veía llegar aquella mole ante las risas de los espectadores.
     Se sienta justo delante de él y con educación le dice: Ya puede usted "emprencipiar".
   

miércoles, 4 de abril de 2012

Carocho (I)

     Evedasto Albert Poveda "Carocho" fue un personaje muy peculiar que recuerdo de mi infancia. Era bajito y tocado con un sombrero se le veía en invierno en los rincones tomando el sol, calentando su pequeño cuerpo para así ahorrar luz o leña en su hogar de la calle Corzo. Era más agarrado que un chotis y lo peor que se le podía hacer era pedirle una peseta.
     Cuando se encontraba en el rinconcito que la actual tienda del "Tirabeque" hacía en la plaza de Colón, nos acercábamos y le decíamos: Tio "Carocho" mos estrena? Una pesseta p'a tots! Y Evedasto nos contestaba: Vaig a casa a portarme-la, no vos menejeu d'aqui.
    Y ya no volvía a pasar por la plaza Colón en tres meses por si  nos veía allí y le recordábamos la promesa del estreno. Otra de las bromas que le queríamos hacer era ponerle amarillo el sombrero de paja que lucía. Y el Séneca preparaba mezclas de aceite, azafrán, vinagre y todo lo que había en las despensas para conseguir el deseado líquido, pero no se consiguió jamás. Uno lo entretenía hablando y otro por detrás le derramaba la botellita.
   Cuando se quedó viudo de Remedios, siguió viviendo solo hasta su muerte. Era de familia pudiente y tenía dinero, entre otras cosas porque no gastaba.
     Al poco de quedar viudo, se cruzó un día con Juanito el de la Pigua, el añorado Juanito, que le preguntó cómo le iba.
     Evedasto le dijo que se encontraba muy solo, que se acordaba de Remedios a toda hora, a la de comer, a la de pasear, ahora -dijo- en la cuestión de la cama no la echaba de menos:
     Jo tinc una marraixa buida, la pose a calfar al foc i quan està calenta, en el coll de la marraixa, m'arregle.

jueves, 22 de marzo de 2012

La mitad del imperio

     Esta es una de las anécdotas más antiguas que me han contado. Nos remontamos a hace más de un siglo, calculo que hace ciento veinticinco años.
     Frasquito, el abuelo de Juliían el de la Caballusa, regentaba una pequeña tienda de ultramarinos en la que vendía comestibles y bebestibles al por menor. Entre los productos que exponía estaba el chocolate.
     La otra media parte de la anécdota: en Villajoyosa, la cuna del chocolate, se ha fabricado entre otras marcas el xoxolate de la Mare de Déu, con una imagen de la Virgen de las Nieves en el envoltorio y una leyenda que decía que era fabricado por Hijos de Marcos Tonda S.A. Este chocolate se ha vendido hasta hace nada en las tiendas, aunque ignoro si continúa en las estanterías. Pero de pequeño yo lo he comido. Y en la anécdota del cura Rubio con el exalcalde Perfecto fue nombrado en este blog.
     Pues bien, nos remontamos al principio. Marcos Tonda en persona era viajante de chocolate e iba por los pueblos vendiendo el preciado producto. Y se llegaba a la tienda del abuelo de Julián periódicamente a ofrecer chocolate. Hizo amistad de tantos años visitar Pinoso y llegadas unas navidades compraron un décimo de lotería a medias. La confianza hizo que el décimo se lo llevara Marcos Tonda a su casa. Antes un simple apretón de manos era un contrato entre caballeros y no hizo falta más papel.
     Pero la diosa fortuna hizo que el número del décimo fuera el del Gordo de Navidad de ese año. Frasquito estuvo esperando la visita del viajante para cobrar su mitad, pero no se produjo. Marcos Tonda no volvió a pisar el término municipal y la desidia hizo que el agraciado pinosero no cogiera un propio y se presentara a reclamar su dinero. Por lo tanto, todo quedó en manos de Marcos Tonda. Menos el importe del último pedido que al no volver por la tienda lo perdió
     ¿Fue con este dinero con el que consiguió su imperio? ¿La mitad del imperio es pinosera? Yo esto no lo se, porque no conozco más de la historia y porque ignoro de qué cantidad estamos hablando. Pero quede la anécdota reflejada en el anecdotario de este blog.

martes, 13 de marzo de 2012

Capullo (IV)

     La oficina de la Bodega Cooperativa de Pinoso estaba situada en el edificio histórico, no en el anexo actual, al lado de la báscula. Los coches de los visitantes se dejaban en la misma puerta, al lado de la fuente. Allí comenzaba un desnivel hasta llegar al gran portón que luce en su dintel el nombre de la bodega y 1932, el año de su fundación.
    Toda esta introducción es para situar un coche que aparcó en la puerta de la oficina. Renault recién estrenado, hacía su primer kilómetro desde la puerta del taller de Chimo. El propietario fue a enseñárselo a sus amigos de la bodega. Pidió que salieran a verlo y así lo hicieron Pere y el "llarc". Capullo se quedó para atender el teléfono.
     Cuando volvieron a entrar a la oficina todo eran alabanzas: Xé, que bonico! Qué t'ha costat? Es molt cómodo. El color, preciós.
      Capullo se levanta y dice: vaig a pixar. Y por la escalera que daba acceso a la bodega, se acerca a la sala que guardaba las herramientas y coge una lata de aceite quemado, de los cambios de la maquinaria pesada (prensas, estrujadoras...) Accede al exterior y derrama los cinco litros por debajo del Renault. Consigue un reguero sobre el asfalto de más de diez metros, cuesta abajo. Entra de nuevo a la oficina y le dice al feliz propietario del coche:
     - Eixe es el cotxe que t'has comprat? Pos te fa una goteta d'oli.
     - No pot ser, si es nou de trinca.
     - Una taxeta en l'asfalt es veu per baix del cotxe.
     Y sale toda la comitiva a ver la mancha de aceite y ante el reguero de aceite negro, casi le da un soponcio. Llama por teléfono a Chimo contándole el problema, que se ha roto el cárter y se ha quedado sin aceite. Le hacer personarse en un minuto en la oficina de la Bodega Cooperativa.
     No hace falta que acabe la historia. La llegada del mecánico y adivinar que aquello era una broma de Capullo fue toda una cosa. Todos rieron la ocurrencia de Tonico "Capullo".
     Pero el "traguico" que le hizo pasar al buen amigo, que con tanta ilusión había ido a enseñar su coche nuevo, no fue baladí.

miércoles, 7 de marzo de 2012

La Tacucha

     En mi familia hay antepasados que merecen no quedar en el ostracismo. Y una prima de mi abuelo Rafael, es una de ellas.
     María Pérez Pérez, casada con "el Tacucho", era conocida en el Carche como María "l'alcalde" y cuando enviudó y vino a vivir a Pinoso -a la calle Pintor Albert, antes La Paz,- pasó a ser María "la Tacucha".
     Era una mujer de armas tomar, de pronóstico reservado, por eso su apodo de María "l'alcalde". Era de la familia de los "petanos", que eso también marca.
     Lo de armas tomar, aparte de ser una frase hecha, en la "Tacucha" era una verdad como un templo. Dormía con un revolver debajo del almohadón porque en su casa, decían, guardaba unes coxineres con bastante dinero.
     Era bajita y muy autoritaria. A mi madre le pedía habitualmente que la acompañara al banco de Monóvar donde tenía su cuenta corriente, no para sacar ni meter dinero, sino para ver si estaban allí sus ahorros. Venía a casa con asiduidad y yo la recuerdo como un personaje esperpéntico.
     Como tocaba en la época, era más franquista que el mismo Franco. Sus días acabaron en Castellón en casa de una sobrina que le prometió, a cambio de la herencia, que la llevaría a Madrid a ver en persona al Caudillo. María la "Tacucha" la creyó a pies juntillas y se fue a vivir con la sobrina que jamás, como era de esperar, la llevó a ver a Franco.
     En Pinoso ni en el Carche dejó legado alguno, ni incluso a Elisín, a quien crió desde pequeñita al fallecer su madre, una hermana de María. Bueno, miento, la sobrina de Castellón se acercó unos años después de fallecer María y le trajo a mi madre, por deseo expreso de su tia María, un saquito con cinco kilos de arroz. Eso fue todo.

lunes, 5 de marzo de 2012

Capullo (III)

     Antonio "Capullo", como sabemos, trabajaba de oficinista en la Bodega Cooperativa, donde Pere Jara era el contable. Además estaba el bodeguero, en este caso eran dos, los hermanos "Llarg" y personal eventual en tiempo de la elaboración.
     Pere le tenía pavor a las carretillas, y como los trabajadores lo sabían, una tarde-noche de final de vendimia, estando "Capullo" y Pere dentro del cuartucho que hacía de abrigo a la báscula donde pesaban los remolques de uva, por el ventanuco que comunicaba al exterior, sueltan un par de carretillas que rebotaban sus estelas de fuego en paredes, mesa,...
     Pere en un ataque de pánico, se sube a la espalda de "Capullo" que estaba sentado a la mesa confecionando los recibos a los agricultores. Cuando acaban las paraes de las carretillas, Pere se baja de la chepa de "Capullo" y le pregunta si ha pasado algo. Toni dice que no, que todo está correcto, a excepción de los calcetines roídos por el fuego. Se levanta los camales y enseña los calcetines divididos en dos piezas por las chispas. La venganza estaba servida.
     Antonio "Capullo" tuvo la delicadeza de medir el tiro de la chimenea de la bodega donde los trabajadores se reunían alrededor de una hoguera de raspa, para comer, de una a dos de la tarde. Colocó un petardo gordo y en la mecha un cigarro para retardar el encendido, lo ató a un cordel de la medida de la chimenea y cuando los trabajadores habían puesto las longanizas y alguna chuleta viuda a asar en las parrillas y daban los primeros tragos del vino, que ad libitum, bebían para acompañar la comida, lo descolgó desde el tejado, al tiempo que el se marchaba a Pinoso a comer. No llevaba cincuenta metros andados, Paseo abajo, cuando un estruendo resonó en el interior de la bodega.
     A la mierda las longanizas, la chuleta, el pan tostado, los tramusos, la frità de conill, las olivas.
     Creo que no volvieron a gastarle otra putada como aquella a "Capullo". Las vendettas eran terribles.

viernes, 24 de febrero de 2012

Arreglo de camino

     Voy a publicar algunos escritos de antaño, que por su singularidad son dignos de ser de dominio público. Lo haré sin mencionar a sus protagonistas, porque no importa quien, sino qué y cómo se manifestaba nuestro paisanaje hace unas décadas, para poder comparar con lo actual.
     Este es de abril de 1980, o sea, hace casi treinta y dos años. Y decía así la petición:
     "Enterado si mal no lo tengo entendido, que todos los Ayuntamientos disponen de una cantidad en efectivo para reparaciones de caminos vecinales en su término municipal, si esto es cierto como así me lo supongo muy justamente para tales efectos de mucha necesidad, es por lo que:
      Suplica a V.E., que de su claro criterio no dudo, de que en nombre de todos los vecinos de (...) y en el mío propio, sea reparado el camino vecinal existente (...), poco más de un kilómetro, bien dicho, medio kilómetro en indispensable reparación por un tractor de pala pues, si bien el citado camino tiene la suficiente anchura, casi la mitad está cubierto de un espesor de hierba muy alta espinosa y esto resulta muy defectuoso para toda clase de vehículos que, en nada que llueva es imposible el poder circular y particularmente la vendimia tenemos un gran problema. Poniendo ese Ayuntamiento solamente el tractor pala, los demás jornales al efecto serían de nuestra cuenta si lo es preciso. Avisándome para ello en un par de días de antelación.
     Es gracia que espero alcanzar de la bondad y claro criterio de V.E. cuya vida guarde Dios muchos años."

martes, 31 de enero de 2012

Capullo (II)

     Una de las putadas mayúsculas de Capullo la jugó con Lola, la que regentaba La cuesta, nuestro burdel histórico, archiconocido en la comarca.
     Una noche de invierno, en la Bodega Cooperativa se convocó Junta Rectora y allí acudieron los directivos embozados en sus pellizas, sus abrigos... Encendieron la estufa de leña de la oficina, aquello se caldeó y a la hora de regresar a casa, D. Gaspar, probo ciudadano, olvidó la pelliza en el perchero.
    Se quedó Capullo a cerrar y al ver la prenda se la llevó y esa misma noche se acercó a La cuesta y quedó con Lola que a la mañana siguiente se la llevara a Remedios, la mujer de D. Gaspar, diciéndole que se la dejó olvidada en el lupanar.
    Lola, a primera hora de la mañana, bajó a Pinoso a hacer algún "mandao" y en las primeras casas de la calle Monovar, donde vivía el matrimonio, tocó a la puerta. Salió Remedios y Lola le dijo:
     - Buenos días, ¿esta pelliza es de su marido?... Ante el asentimiento continuó: - ...es que se la dejó anoche en La Cuesta y como venía al pueblo se la he traido.
     - Gracias, señora Lola.
     La mañana que pasó, hasta que llegó D. Gaspar del colegio, a eso de las doce, no se la daría a pasar a nadie.
     - On vas estar anit?
     - En la Junta de la Bodega, le contestó.
     - I després?
     - A casa.
     - Ja, i la pellissa?
     - Això dic jo, i la pellisa?
     Le contó que se la trajo Lola y D. Gaspar no daba crédito. Él había vuelto seguido a casa y por no estar ni había estado nunca en La cuesta. Resumiendo: llegó al presentimiento de que era cosa de Capullo y el matrimonio se fue a su casa a esperar que se hiciera la una del mediodía y que Antonio fuera a comer.
     Allí estaban los dos, en lo alto de las escaleras de la Torre del Reloj y cuando Capullo enfiló la calle al doblar el Ayuntamiento, le entró tal risa que no cupo la disculpa. La mujer entendió que era una broma.
     Pero la mañanita que pasó Remedios rumiando la posibilidad de una infidelidad, fue para minar su salud.