domingo, 20 de marzo de 2011

Empelts

     El tio Basilio "el albercoc" vendía ropa por los campos y pedanías de Pinoso. Se presentó una mañana en El Faldar y la chiquilla que le vio llegar dio una voz a su madre que estaba dentro de la casa: Mare, ha vingut el tio "alberchic". La niña no recordaba exactamente el apodo del tio Basilio.
     Al salir de la casa la madre le espetó esta frase genial: Xé, Basilio, no sabia que t'havien empeltat!"

jueves, 17 de marzo de 2011

Ramón Soliva

     Un trabajador de la Pobla de Segur, en Lleida, decide afiliarse al PSUC en sus inicios. Y los insurrectos se rebelan contra el poder legítimamente ganado en las urnas. Y comienza la guerra civil española y Ramón Soliva Vidal se enrola en las milicias populares. Y marcha al frente a defender España de los golpistas, que desde el primer momento reciben ayuda del fascismo alemán. Su fragor en las múltiples batallas le lleva a ascender grados en la escala militar, llegando desde soldado raso a Mayor Jefe de la 45 división.
     En la batalla de Teruel, Ramón Soliva, al mando la división conocida como “La Bruja”, sobrenombre obtenido por sus exitosas incursiones nocturnas en el frente de Aragón, permanece en el frente, para que tres cuerpos de ejército se replieguen a posiciones seguras, mientras que el enemigo avanza implacable. El valiente Soliva consigue salvar su vida y la de otros miles de combatientes. Su áurea de catalán invencible va brillando cada vez más.
     En los últimos momentos del Gobierno de la II República Española, cuando los aviones despegan del Fondó de Monòver (entre ellos el Presidente Negrín, Pasionaria, Alberti…., por citar los más conocidos), él se queda custodiando la salida y parte en el último avión junto a Irene Falcón y otros militares, pocos, porque el avión es ligero.
     Aterrizan en Orán y los militares, que no los civiles, son detenidos, pasando a un campo de concentración en el desierto. Cuando estaba a punto de poner en marcha su planeada fuga, los militares son reclamados desde la URSS, donde los compañeros que ya han conseguido llegar, gestionan su libertad.
     Se traslada a la Unión Soviética, donde estudia en la Academia Superior de Guerra y es más tarde profesor de táctica. De la URSS a Francia y cuatro años después otra vez a Moscú. Nace allí su hijo Jordi.
     Cuando estalla la revolución castrista, marcha voluntario a Cuba, donde toma el nombre de Roberto Roca, y pasa a ser asesor personal del actual Presidente, Raúl Castro.
     En 1970 de vuelta a París, consigue después de treinta años el pasaporte español.
     Y con su familia se traslada a vivir al sureste, a un lugar próximo de donde partió al exilio el 6 de marzo de 1939.
     Tan solo tres años le quedan de vida, conviviendo con el tardofranquismo, y muere el 23 de febrero de 1973, el mismo año que otro golpe de Estado acabara en Santiago de Chile con la vida del Presidente Salvador Allende.
     Por un par de años no consigue ver restablecida la democracia en España.
                                                                                                                                              In memoriam.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Chinches

     La orquesta Tureskan estaba contratada en Hellín, donde se celebraba la Feria de Ganado, en una pensión.
     Habitaciones con camas viejas, una de ellas no más grande que una camilla de ambulancia, estrecha e incómoda. Sortean las habitaciones y le toca al Chavarrí la cutre. Apenas cabía y tenía que dormir boca arriba sin posibilidad de darse una vuelta y con riesgo de caer al suelo.
     Al cabo de cinco días de estar allí, Juanito se percata de que Paco "el Lero", chófer, está durmiendo en el taxi. Le pregunta por qué duerme allí y no en la habitación: Ché Juanito, le contesta, no he dicho nada, porque vosotros llegáis cansados y tenéis que descansar, pero esta pensión está llena de chinches. Mirad debajo de los colchones.
     Fueron entrando a todas y cada una de las habitaciones y al levantar el colchón advirtieron "matas" de chinches, pero a mansalva. Otra habitación, se repetía el hallazgo. Ya iban todos los de la orquesta espantados por la plaga y solo quedaba avisar al Chavarrí, que ya dormía en la camilla, como una momia faraónica.
     Tocan a la puerta, contesta el Chavarí:
      - Qui és?
      - Chava, obri que estem mirant tots els llits i estàn plens de xinxes, dice Juanito. Unes "mates"...
      - Xinxes? Aci no caben.
     Y siguió durmiendo.

martes, 15 de marzo de 2011

Idus de marzo

     Los idus de marzo se celebran el día 15. Eran días de buenos augurios, según el calendario romano. La fecha es famosa porque Julio César fue asesinado en los idus de marzo del año 44 a. C, ¡vaya tela de buenos augurios! Según el escritor griego Plutarco, César había sido advertido del peligro, pero había desestimado la advertencia.
     En este marzo de 2011 la advertencia no puede ser más clara. En Japón el aire está contaminado por radioactividad, en Libia todo el mundo contempla pero no decide, en España estamos cabreados por una crisis que "nadie" ha provocado pero todo el mundo sufre, en Valencia no importa que las tramas vean la luz y los taquígrafos, en Pinoso, calma chicha presagio de vientos bruscos. Los buenos augurios de los idus de marzo, son metáforas.
     Como dice Shakespeare en su obra Julio César, en 1599 los citaba al escribir la famosa frase: "¡Cuídate de los idus de marzo!".

Los pavos

     De esto hace ya unos años. Robaron unos pavos y la denuncia llevó las pesquisas de la Guardia Civil a localizarlos. Los requisaron y fueron trasladados al cuartel. Los descargaron en un corral anejo, en la parte de atrás, donde la Guardia Civil tenía gallinas para uso de las familias que allí moraban y un pollo americano.
     Cuando a la mañana siguiente fueron a ver los pavos, advirtieron que del pollo americano colgaba un cartel que decía: "ME HE QUEDADO SOLO DESDE LAS DOS DE LA MAÑANA". Los pavos habían desaparecido.
     Los recuperadores de pavos habían saltado la pequeña valla que delimitaba el cuartel y se hiceron con ellos sin que la comunidad se percatara. Un poema, pero verídico.

domingo, 13 de marzo de 2011

LA CALUMNIADORA (III)

    En verano no podía soslayar el baño en el remanso del río. Lo hacía cuando el día declinaba y el lucero de la tarde ya brillaba en el cielo, entre penumbras.
     No fue óbice esa tarde de finales de julio, por San Jaime, para que tres pilluelos que siguiéndome mi paseo por la ribera y escondiéndose en el juncal, viéranme en pelotas como me regodeaba en el baño.
     Andaría yo cabizbaja y pensativa, que no me di cuenta de la artimaña que sirvió de estímulo a las pajas de los rapaces. Tan solo el movimiento de unos juncos me advirtió de la encerrona de la que era objeto. No hice movimiento brusco alguno, ni desorbité la situación. Salí del agua y me dispuse a secarme a escasa distancia del escondrijo de los tres barrabases que tomaron buena cuenta de mis tetas y de mi entrepierna. Allí los tuve hasta bien entrada la noche sin mascullar para no incurrir en la ignominia. Pero aquello fue la primera parte del sainete, la segunda la escribí en casa para ejecutarla con toda perfección en las fiestas del pueblo.
     La Asunción es la Fiesta Mayor. A mediados de agosto se celebran fiestas donde acuden los lugareños y gentes de la comarca para recogijo y solaz en la canícula.
     Durante días, para devolverles la moneda, me dispuse a seguirlos con cautela para tantear donde ocupaban la tarde. Y advertí que tenían por costumbre esconderse en un barracón destartalado en los ejidos del pueblo, donde se daban al solitario placer en franca competición de uno sobre otro por ver quien descargaba más. El resto del segundo acto fue sencillo; a primera hora  de la mañana dispuse un sencillo mecanismo, atando una cuerda a uno de los ángulos de las maderas del barracón, y probé si con un tirón aquello podía desmontarse. Escondí el cabo de la cuerda por el ribazo de forma que no sospecharan y esperé el día.
     La víspera de la fiesta, cuando el pueblo bullía esperando la hora de los cómicos que amenizarían la noche, una vez me cercioré de que mis amigos iban a su faltal destino, llamé la atención del vulgo para que me siguiera en silencio a observar un fenómeno que sería de su agrado. Y así recogí un centenar de chavales, sobre todo, que siguiéronme por la senda que daba al barracón. Los dejé en el lugar donde la visión era franca para todos, les rogué silencio sepulcral y me dirigí con sigilo al punto donde el cabo de la cuerda tras un fuerte tirón echó por tierra el barracón ante el asombro de los ocupantes y los espectadores.
     No pudo ser mejor la función: dos de ellos estaban sodomizándose y el tercero empalando a una gallina del cercano corral.
     Un generoso aplauso premió la escena nunca vista para deleite del público asistente.

jueves, 10 de marzo de 2011

Ponche

     Cuando la orquesta Tureskan iba a tocar a pueblos y pedanías que no disponían de hotel o pensión, se alojaban en casas particulares. La Comisión de Fiestas se encargaba de instalarlos en familas que se prestaban a ello.
     En una de esas fiestas, don Maxencio, maestro de la música y pianista de la Tureskan, se uicó en una casa donde coincidió su estancia con una merma en su estado de salud. La señora de la casa se deshacía en atenciones, pero Maxencio solo quería tomar ponches, calditos de gallina con una yema. Y así se pasó los tres o cuatro días, a base de ponches.
     Llegada la hora de despedirse, Juanito fue casa por casa abonando los gastos que los músicos habían ocasionado. Maxencio que estaba recogiendo la maleta mientas se saldaba la cuenta, se despidió de la señora, y saliendo por el pasillo le pregunta a Juanito: ¿has pagado los ponches?
     Juanito, se le queda mirando y le suelta: ¡Ponche Pilatos! Tira p'avant!