Su nombre era Antonio Vidal Torres y vivía en la calle del Reloj, en el último rellano de las escaleras antes de llegar a la puerta de la torre, de la cárcel antigua, es decir, al cruce con la calle de San Juan. Su apodo por el que era conocido por todo el pueblo era "Capullo". Enjuto, socarrón, amante de la banda de música a la que acompañaba siempre detrás del papelero, porque el fue músico en su juventud y directivo cuando abandonó el instrumento. Trabajó en la casa banca de don Gaspar y cuando cerró en la Bodega Cooperativa. Allí lo conocí más a fondo en la temporadas que estuve contratado de pesador de tractores en temporadas de vendimia.
Su divertimento era gastar putadas a troche y moche. Era único inventando bromas, algunas pesadas, y por este motivo es recordado en Pinoso.
Contaremos todas las que yo conozco por haberlas vivido u oído de su propia narración o de la de sus amigos y conocidos.
Empezaré por una de las muchas que tiene con petardos y carretillas de por medio.
En La Peña contrataron a un conserje que el pobre, un poco achacoso, tenía el defecto de quedarse durmuiendo a eso del mediodía. Se subía al piso de arriba y en aquellos sillones incómodos de madera, inclinaba uno apoyándolo solo con las patas traseras, y con la espalda en la pared, hacía una siesta del borrego.
Llegaba "Capullo" y más socios cuando salían a la una del trabajo. Le preguntaba al barman: I el periòdic? No lo ha bajado el conserje, estará arriba. Subía buscando el ABC y se encontraba al señor durmiendo. Recollons, quines hores de dormir!, musitaba.
El caso es que lo sorprendió de aquella guisa en más de una ocasión y se dijo: Este no torna a quedarse dormint a la una del migdia!
Cogió el petardo final de una traca, con un hilo de alambre le dio unas unas vueltas e hizo un colgante. A la mecha le colocó un cigarro y al día siguiente, entró por la puerta trasera de la sociedad cultural, subió al primer piso, encendió el cigarro unido a la mecha del petardo y colgó el artefacto en el cruce de maderitas que tienen estos sillones para reforzar las patas. Salió a la calle y a la altura de la tienda de Paco el "Barato" se oyó el estruendo provocado por la explosión del petardo.
El conserje pidió la baja voluntaria del trabajo al día siguiente.
martes, 13 de diciembre de 2011
lunes, 12 de diciembre de 2011
Títulos nobiliarios
Morales, un guardia civil jubilado que vivió en Pinoso, tiene un par de anécdotas con salero. Una de ellas estaba referida a los dos hijos varones del "conde", el popular pinosero que vivía en las Cuevas. Decía Morales que el "conde" tenía dos hijos con título nobiliario: uno era conde y el otro vizconde.
Imagino que Juan no se lo tomaría a mal.
Imagino que Juan no se lo tomaría a mal.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Vipin
Enfrente del instituto hay un solar que en su día fue una bodega. Una explosión en uno de sus depósitos, que además ocasionó un muerto, fue la que provocó el cierre y la posterior demolición.
Aquello fue sonado. Primero la noticia luctuosa y pocos meses después la compra por parte del Ayuntamiento, por un precio superior al de mercado. Si recordamos a los antiguos propietarios y a sus familiares políticos directos, quizá estemos en la clave de esta desdicha.
Ofrecieron la venta a la Corporación del momento y el otrora técnico municipal hizo un informe con una valoración del solar con el inmueble deteriorado.
Cuando los propietarios conocieron la valoración del técnico les pareció rácana para sus pretensiones y ni cortos ni perezosos le comunicaron al alcalde su estimación de lo que aquello valía. Y por menos de eso, "nasti de plasti".
Y donde lo fácil hubiera sido: ¡pues no interesa, gracias!, no se que espurios intereses había en aquella compra-venta que no se les ocurrió otra cosa, que el técnico rehiciera la valoración incrementándola hasta llegar a la cantidad deseada. Se argumentó que el precio que había tasado era el del solar, pero que dentro había unos depósitos, una maquinaria que tenía también su precio. Y el comentario del técnico fue: ¡Pero si dentro ha quedado todo inservible! ¿Para qué quiere el Ayuntamiento una bomba para trasegar? que fue de lo poco que se salvó del estallido.
Para que la ley de Murphy se cumpliera, el solar fue la moneda de cambio entre el Ayuntamiento y Vivienda y Suelo para construir allí las viviendas sociales. ¿Tu las has visto?
Aquello fue sonado. Primero la noticia luctuosa y pocos meses después la compra por parte del Ayuntamiento, por un precio superior al de mercado. Si recordamos a los antiguos propietarios y a sus familiares políticos directos, quizá estemos en la clave de esta desdicha.
Ofrecieron la venta a la Corporación del momento y el otrora técnico municipal hizo un informe con una valoración del solar con el inmueble deteriorado.
Cuando los propietarios conocieron la valoración del técnico les pareció rácana para sus pretensiones y ni cortos ni perezosos le comunicaron al alcalde su estimación de lo que aquello valía. Y por menos de eso, "nasti de plasti".
Y donde lo fácil hubiera sido: ¡pues no interesa, gracias!, no se que espurios intereses había en aquella compra-venta que no se les ocurrió otra cosa, que el técnico rehiciera la valoración incrementándola hasta llegar a la cantidad deseada. Se argumentó que el precio que había tasado era el del solar, pero que dentro había unos depósitos, una maquinaria que tenía también su precio. Y el comentario del técnico fue: ¡Pero si dentro ha quedado todo inservible! ¿Para qué quiere el Ayuntamiento una bomba para trasegar? que fue de lo poco que se salvó del estallido.
Para que la ley de Murphy se cumpliera, el solar fue la moneda de cambio entre el Ayuntamiento y Vivienda y Suelo para construir allí las viviendas sociales. ¿Tu las has visto?
jueves, 8 de diciembre de 2011
Ramiro de Maeztu
Ramiro de Maeztu y Whitney (Vitoria, 1875 – Aravaca, 1936) fue un destacado escritor español perteneciente a la Generación del 98. No sólo se le recuerda por su obra de escritor sino también por haber sido asesinado en 1936 al comenzar la Guerra Civil Española, en el curso de una de las sacas que las fuerzas republicanas efectuaron en el Madrid posterior a la sublevación militar del 18 de julio.
Fue hijo del ingeniero Manuel de Maeztu Rodríguez, un hacendado cubano de origen navarro que conoció a su madre, Juana Whitney, hija de un diplomático inglés, en París, y con la que se casó.
Pasó parte de su juventud en París y en La Habana dedicado a oficios diversos y se inició en el periodismo. Autodidacta y de ideas combativas, se trasladó a Madrid en 1897, un hecho decisivo en su vida literaria, ya que inició entonces una colaboración importante con distintos periódicos y revistas, como Germinal, El País: diario republicano y progresista (editado de 1887 a 1921), Vida Nueva, La España Moderna o El Socialista, entre otros, con una orientación socialista reformista. En esos años también da inicio a su amistad con regeneracionistas e intelectuales, especialmente con Azorín y Baroja, con quienes formó el grupo conocido bajo el nombre de «Grupo de los Tres» y fue un exponente destacado de la llamada Generación del 98.
De 1905 a 1919 residió en Londres, en Bayswater, donde trabajó como corresponsal para La Correspondencia de España, Nuevo Mundo y Heraldo de Madrid. Viajó por Francia y Alemania y estuvo como corresponsal de guerra en Italia (1914–1915).
Tras su regreso a España, en 1919, comienza su desconfianza en la democracia liberal y va cuajando su evolución hacia lo tradicionalista católico, que se consumó durante la Dictadura de Primo de Rivera, a la que aceptó representar como embajador en Argentina (1928).
Desde los días previos a la proclamación de la Segunda República Española colaboró en el movimiento y la revista Acción Española (que él propuso denominar Hispanidad). Terminó militando en Renovación Española, partido político desde el que se significó por su oposición al régimen de la República, del que fue diputado en las Cortes por Guipúzcoa (1933–1935).
Al inicio de la Guerra Civil Española fue detenido por fuerzas republicanas y encerrado en la madrileña cárcel de Ventas el 30 de julio de 1936. Murió fusilado en el cementerio de Aravaca el 29 de octubre de 1936, víctima de una de las sacas (ejecuciones extrajudiciales) que se efectuaron en el Madrid republicano, y se intensificaron durante los meses de octubre y noviembre de 1936. Sus últimas palabras fueron: «Vosotros no sabéis por qué me matáis, pero yo sí sé por lo que muero: ¡Para que vuestros hijos sean mejores que vosotros!».
En Pinoso su calle es la que une la Plaza Virgen del Remedio con la carretera de Yecla.
Fue hijo del ingeniero Manuel de Maeztu Rodríguez, un hacendado cubano de origen navarro que conoció a su madre, Juana Whitney, hija de un diplomático inglés, en París, y con la que se casó.
Pasó parte de su juventud en París y en La Habana dedicado a oficios diversos y se inició en el periodismo. Autodidacta y de ideas combativas, se trasladó a Madrid en 1897, un hecho decisivo en su vida literaria, ya que inició entonces una colaboración importante con distintos periódicos y revistas, como Germinal, El País: diario republicano y progresista (editado de 1887 a 1921), Vida Nueva, La España Moderna o El Socialista, entre otros, con una orientación socialista reformista. En esos años también da inicio a su amistad con regeneracionistas e intelectuales, especialmente con Azorín y Baroja, con quienes formó el grupo conocido bajo el nombre de «Grupo de los Tres» y fue un exponente destacado de la llamada Generación del 98.
De 1905 a 1919 residió en Londres, en Bayswater, donde trabajó como corresponsal para La Correspondencia de España, Nuevo Mundo y Heraldo de Madrid. Viajó por Francia y Alemania y estuvo como corresponsal de guerra en Italia (1914–1915).
Tras su regreso a España, en 1919, comienza su desconfianza en la democracia liberal y va cuajando su evolución hacia lo tradicionalista católico, que se consumó durante la Dictadura de Primo de Rivera, a la que aceptó representar como embajador en Argentina (1928).
Desde los días previos a la proclamación de la Segunda República Española colaboró en el movimiento y la revista Acción Española (que él propuso denominar Hispanidad). Terminó militando en Renovación Española, partido político desde el que se significó por su oposición al régimen de la República, del que fue diputado en las Cortes por Guipúzcoa (1933–1935).
Al inicio de la Guerra Civil Española fue detenido por fuerzas republicanas y encerrado en la madrileña cárcel de Ventas el 30 de julio de 1936. Murió fusilado en el cementerio de Aravaca el 29 de octubre de 1936, víctima de una de las sacas (ejecuciones extrajudiciales) que se efectuaron en el Madrid republicano, y se intensificaron durante los meses de octubre y noviembre de 1936. Sus últimas palabras fueron: «Vosotros no sabéis por qué me matáis, pero yo sí sé por lo que muero: ¡Para que vuestros hijos sean mejores que vosotros!».
En Pinoso su calle es la que une la Plaza Virgen del Remedio con la carretera de Yecla.
martes, 6 de diciembre de 2011
Césped
Que un pueblo de ocho mil habitantes tenga dos campos de fútbol de césped, es un derroche insoportable. El mantenimiento de este lujo asiático nos come por los pies: empresa externa que mensualmente evalúa el estado fitosanitario, resiembra y aplica los productos necesarios para su conservación, el agua que gasta este tipo de instalaciones, la maquinaria para su siega, el personal dedicado en exclusiva y todos los etcéteras.
Por comparar, vean en pueblos de la provincia de Alicante, quien puede mantener este dispendio. Hay municipios que como mucho dispone de uno de césped artificial, pero nosotros somos más chulos. De todo tenemos doble: dos campos con césped, dos pabellones polideportivos, dos espacios culturales (Casa de Cultura y Teatro-Auditorio). Y por ahí se nos va en mantenimiento un buen pellizco del presupuesto anual.
Lo malo es que existe un tercer campo de fútbol y para mayor abundancia en la desdicha, lo quieren sembrar de grama. Tiene menos mantenimiento, pero...
Por comparar, vean en pueblos de la provincia de Alicante, quien puede mantener este dispendio. Hay municipios que como mucho dispone de uno de césped artificial, pero nosotros somos más chulos. De todo tenemos doble: dos campos con césped, dos pabellones polideportivos, dos espacios culturales (Casa de Cultura y Teatro-Auditorio). Y por ahí se nos va en mantenimiento un buen pellizco del presupuesto anual.
Lo malo es que existe un tercer campo de fútbol y para mayor abundancia en la desdicha, lo quieren sembrar de grama. Tiene menos mantenimiento, pero...
domingo, 4 de diciembre de 2011
Kin Kon
Lanyaóooooo! iba voceando por las calles. En valencià se dice adobacossis, pero no iba el hombre a austar tanto utilizando el académico. La oooooo prolongada, con su vozarrón, era de las que acojonaba.
Las madres lo aprovechaban para asustarnos y que nos retiráramos antes del avemaría vespertina.
Y el hombretón, que vivía en la calle Honda, en una cueva, solo tenía una virtud, que el tiempo convirtió en defecto: le gustaba tanto el vino que si le quedaba medio litro en la botella después de cenar, tenía que levantarse para apurarlo. Su frase: no sé com podem dormir tranquils els llauradors amb la bodega plena, perquè jo tinc mig litre i he d'alçar-me a beureme'l si vull quedar-me dormint.
Las madres lo aprovechaban para asustarnos y que nos retiráramos antes del avemaría vespertina.
Y el hombretón, que vivía en la calle Honda, en una cueva, solo tenía una virtud, que el tiempo convirtió en defecto: le gustaba tanto el vino que si le quedaba medio litro en la botella después de cenar, tenía que levantarse para apurarlo. Su frase: no sé com podem dormir tranquils els llauradors amb la bodega plena, perquè jo tinc mig litre i he d'alçar-me a beureme'l si vull quedar-me dormint.
jueves, 1 de diciembre de 2011
El Birra (II)
En esta segunda y definitiva entrada del tío Julio el "Birra" soy coprotagonista.
Los domingos ibamos a tomar una cerveza al bar del Jardín cuando lo regentaba Luis (entonces era el del jardín ahora es el del lotherman's). El tío Julio solía aparecer por allí al mediodía y nos enseñaba las piedras que sacaba de un pañuelo anudado. Nos decía que era oro, pero que había traído las menos vistosas, que el el Carche tenía más.
Yo un día le dije, para seguirle conversación, que en Alicante había una máquina que analizaba las piedras y, si era oro, hacía un lingote del preciado metal. Bajo amenaza me dejó las piedras y se marchó, mientras nosotros reíamos la obsesión por encontrar otro del Birra. Al salir del bar las piedras las tiré en el jardín, no iba a irme con ese peso a casa.
Al domingo siguiente, yo ni me acordaba de las piedras de la semana anterior, cuando entra el tío Julio y me dijo: Xe, dona'm l'or! Yo le digo: Julio no era or, van fer la prova i no era or! Él, no convencido con la explicación dice: Pos dona'm les pedres! Yo le explico que las tuvieron que triturar para analizar si era oro, pero que las hicieron polvo. La explicación no le convenció.
¡Tradicionalista!, espetó, al tiempo que con el garrote golpeó la mesa del bar haciendo saltar los panchitos y los vasos de cerveza. Torna'm l'or! Vi que sus ojos se desencajan, que toda la gente del bar nos estaba mirando y opté por tomar las de Villadiego. El tío Julio salió detrás de mi diciéndome: lladre, y yo en vez de tomar la calle me metí en el jardín, que tuve que abandonar saltando la valla.
Los domingos ibamos a tomar una cerveza al bar del Jardín cuando lo regentaba Luis (entonces era el del jardín ahora es el del lotherman's). El tío Julio solía aparecer por allí al mediodía y nos enseñaba las piedras que sacaba de un pañuelo anudado. Nos decía que era oro, pero que había traído las menos vistosas, que el el Carche tenía más.
Yo un día le dije, para seguirle conversación, que en Alicante había una máquina que analizaba las piedras y, si era oro, hacía un lingote del preciado metal. Bajo amenaza me dejó las piedras y se marchó, mientras nosotros reíamos la obsesión por encontrar otro del Birra. Al salir del bar las piedras las tiré en el jardín, no iba a irme con ese peso a casa.
Al domingo siguiente, yo ni me acordaba de las piedras de la semana anterior, cuando entra el tío Julio y me dijo: Xe, dona'm l'or! Yo le digo: Julio no era or, van fer la prova i no era or! Él, no convencido con la explicación dice: Pos dona'm les pedres! Yo le explico que las tuvieron que triturar para analizar si era oro, pero que las hicieron polvo. La explicación no le convenció.
¡Tradicionalista!, espetó, al tiempo que con el garrote golpeó la mesa del bar haciendo saltar los panchitos y los vasos de cerveza. Torna'm l'or! Vi que sus ojos se desencajan, que toda la gente del bar nos estaba mirando y opté por tomar las de Villadiego. El tío Julio salió detrás de mi diciéndome: lladre, y yo en vez de tomar la calle me metí en el jardín, que tuve que abandonar saltando la valla.
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