La tía Flora, madre de Luis el de la imprenta, tenía una tienda en la plaça del Dipòsit (actualmente P.V. del Remedio) y a la parte de dentro, en el corral, había una higuera.
Cuando llegaba el tiempo de las brevas, Morales (del que ya hicimos referencia en este blog) que vivía cinco o seis casas más abajo en el carrer Sant Roc, se acercaba por la tienda y le decía: Tía Flora, voy a ver si hay alguna breva buena.
Ella, complaciente, mientras atendía a las parroquianas le daba permiso para que se encaramara a las ramas en busca del preciado fruto.
Como tardaba en salir, les decía a las clientas: aguardeu que vaig a vore el que fa. Volvía tras asomarse por la persiana que daba al patio, rumiando: de simal en simal que va el tio!
Al rato, como no aparecía, volvía a asomarse y regresaba más caliente todavía: "hasta" les verdes cauen!!
Las mujeres, curiosas por el ir y venir de la tía Flora presenciando cómo desmantelaban la higuera, retardaban su marcha hasta ver como quedaba aquello.
Al cabo de un buen rato, salía Morales con la panza llena de brevas. Agradecía a la propietaria: ¡Tía Flora, "grasias", estaban muy buenas! Y ella con la sonrisa amarga le cumplimentaba la despedida: ¿Estaban buenas? ¡Suerte tuya hijo, porque yo no las "ha catao"!
miércoles, 21 de diciembre de 2011
lunes, 19 de diciembre de 2011
Obsolescencia
Fue una palabra utilizada por el socialismo andaluz de los 80. Alfonso Guerra la universalizó, como hizo con Mahler. Pero en Pinoso es la calificación que merece tres depósitos subterráneos para residuos orgánicos (basura) en la calle Cánovas del Castillo, entre Azorín y Reina Sofía.
Siendo puristas tampoco esta palabra define bien esta desdicha. Algo obsoleto, es algo que está cayendo en desuso. Y este engendro no ha caído, simplemente es inútil desde su instalación.
Algún edil pensó que esto era una modernidad y se colocó, pero los camiones de la empresa que recoge la basura domiciliaria no estaban adaptados para hacer subir las bolsas que esos depósitos guardarían veinticuatro horas. De forma que para el visitante queda aparente, pero para el vecino se ha convertido en un monumento a la obsolescencia en el centro del pueblo.
Siendo puristas tampoco esta palabra define bien esta desdicha. Algo obsoleto, es algo que está cayendo en desuso. Y este engendro no ha caído, simplemente es inútil desde su instalación.
Algún edil pensó que esto era una modernidad y se colocó, pero los camiones de la empresa que recoge la basura domiciliaria no estaban adaptados para hacer subir las bolsas que esos depósitos guardarían veinticuatro horas. De forma que para el visitante queda aparente, pero para el vecino se ha convertido en un monumento a la obsolescencia en el centro del pueblo.
domingo, 18 de diciembre de 2011
Pedagogía navideña
Un cosa tan fácil como pensar que la inauguración (con dos "u") de un belén municipal, que también es para los niños pequeños, se debe hacer a una hora en que puedan asistir los más pequeñitos, no había sido pensada por los anteriores equipos de gobierno.
Como Lázaro y Silvia son maestros, y tienen un gen pedagógico que les hace pensar en los niños, han tenido la idea de hacerla a las seis de la tarde. Y la plaza del Ayuntamiento estaba "abarrotá". Antes el corta y pega de los programas de fiestas navideñas, nos llevaba a que la inauguración se hiciera después de la Misa de Gallo. Pero a la una y pico de la madrugada muy poca gente y ningún niño asistía. Así que aquello ni era belén, ni trascendía.
Luego podemos aplaudir la innovación en la iluminación de la plaza, que muchas personas mayores también se sumaran al evento (aunque fue la primera tarde-noche de frío), podemos aplaudir la genial idea de la "pandorgada", que de ir a más, hará que Pinoso aparezca en los telediarios por recuperar esta tradición, siempre que se consiga que el número de pandorgueros/as aumente cada año. En San Sebastián es famosa la tamborrada y ¿por qué no en Pinoso, la pandorgada?
De todo ello, ha destacado la complicidad de Monte de la Sal y del incombustible Vicente, que amenizó con villancicos la tarde del sábado.
Como Lázaro y Silvia son maestros, y tienen un gen pedagógico que les hace pensar en los niños, han tenido la idea de hacerla a las seis de la tarde. Y la plaza del Ayuntamiento estaba "abarrotá". Antes el corta y pega de los programas de fiestas navideñas, nos llevaba a que la inauguración se hiciera después de la Misa de Gallo. Pero a la una y pico de la madrugada muy poca gente y ningún niño asistía. Así que aquello ni era belén, ni trascendía.
Luego podemos aplaudir la innovación en la iluminación de la plaza, que muchas personas mayores también se sumaran al evento (aunque fue la primera tarde-noche de frío), podemos aplaudir la genial idea de la "pandorgada", que de ir a más, hará que Pinoso aparezca en los telediarios por recuperar esta tradición, siempre que se consiga que el número de pandorgueros/as aumente cada año. En San Sebastián es famosa la tamborrada y ¿por qué no en Pinoso, la pandorgada?
De todo ello, ha destacado la complicidad de Monte de la Sal y del incombustible Vicente, que amenizó con villancicos la tarde del sábado.
jueves, 15 de diciembre de 2011
Pikín
¿Cómo sería de escaso el tráfico en Pinoso en la década de los setenta que permitía este juego kamikaze? La pista era las costeretas de "Juanjo", también conocidas por las de la Iglesia, aunque el nombre de la calle es San Ildefonso. Una calle sin habitantes, yo no he conocido más que la casa banca de don Gaspar, que derivó en el Banesto años más tarde.
El juego, por llamarlo así, consistía en lanzarse en sentadillas con un cartón de bastante superficie, aprovechando el alto porcentaje de desnivel sobre todo de la segunda y tercera costereta.
Los chavales subían con sus cartones (de una nevera, de un mueble) hasta el cruce con la calle Capitán Haya. Y sentados, asiendo los bordes con las manos, balanceaban el cuerpo para guiar el descenso hasta la puerta de la iglesia. El peligro radicaba en que un coche se cruzara pasando por la calle de San Juan, la de Maisonnave o la de San Pedro. Era un descenso a tumba abierta más peligroso que una pista negra de esquí.
Enrique "el Torrero" contemplaba una tarde el juego de un grupo de chavales de corta edad, apoyado en la esquina de la calle 12 de febrero de 1826, antes Canalejas, en la fachada de la casa que era de Virginia la ex de Evaristo "el vell", que era modista.
Uno tras otro se iban tirando cuesta abajo, hasta que mi hermano Jesús Ángel, no pudiendo frenar a tiempo a la puerta de la iglesia, que hacía de meta, siguió hasta cruzar la calle Canalejas y volcando el cuerpo a la derecha, enfilar por la de Luis Salinas. Un coche cruzaba en esos momentos la esquina del campanario de la iglesia y por un segundo no lo arrolló. Enrique se asustó bastante, y así cuando Jesús Ángel regresaba junto a sus amigos con el cartón bajo el brazo, tras conseguir pararse a la altura del estanco de Emilio, le dijo esta frase: Nene, un poc més i estaves en "Pikín"!
Mi hermano rió el error del "Torrero", y continuó, ajeno al peligro que había ocasionado momentos antes.
El juego, por llamarlo así, consistía en lanzarse en sentadillas con un cartón de bastante superficie, aprovechando el alto porcentaje de desnivel sobre todo de la segunda y tercera costereta.
Los chavales subían con sus cartones (de una nevera, de un mueble) hasta el cruce con la calle Capitán Haya. Y sentados, asiendo los bordes con las manos, balanceaban el cuerpo para guiar el descenso hasta la puerta de la iglesia. El peligro radicaba en que un coche se cruzara pasando por la calle de San Juan, la de Maisonnave o la de San Pedro. Era un descenso a tumba abierta más peligroso que una pista negra de esquí.
Enrique "el Torrero" contemplaba una tarde el juego de un grupo de chavales de corta edad, apoyado en la esquina de la calle 12 de febrero de 1826, antes Canalejas, en la fachada de la casa que era de Virginia la ex de Evaristo "el vell", que era modista.
Uno tras otro se iban tirando cuesta abajo, hasta que mi hermano Jesús Ángel, no pudiendo frenar a tiempo a la puerta de la iglesia, que hacía de meta, siguió hasta cruzar la calle Canalejas y volcando el cuerpo a la derecha, enfilar por la de Luis Salinas. Un coche cruzaba en esos momentos la esquina del campanario de la iglesia y por un segundo no lo arrolló. Enrique se asustó bastante, y así cuando Jesús Ángel regresaba junto a sus amigos con el cartón bajo el brazo, tras conseguir pararse a la altura del estanco de Emilio, le dijo esta frase: Nene, un poc més i estaves en "Pikín"!
Mi hermano rió el error del "Torrero", y continuó, ajeno al peligro que había ocasionado momentos antes.
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Museo de los horrores
Al loro que en unos días se reinaugura el museo de los horrores. Pueden pasarse durante quince días a ver el esperpento anual.
¡Hay si viviera Valle Inclán!
Aprovecho la entrada: este tema de la antigua casa de la música, está a punto de convertirse en otra desdicha. Pasan los equipos de gobierno y por "h" o por "b" no se hace la permuta. Esto es tan pesado como el caso del otro edificio emblemático del Paseo de la Constitución, y pasan los años, y los años y no se vislumbra un final ortodoxo.
¡Hay si viviera Valle Inclán!
Aprovecho la entrada: este tema de la antigua casa de la música, está a punto de convertirse en otra desdicha. Pasan los equipos de gobierno y por "h" o por "b" no se hace la permuta. Esto es tan pesado como el caso del otro edificio emblemático del Paseo de la Constitución, y pasan los años, y los años y no se vislumbra un final ortodoxo.
martes, 13 de diciembre de 2011
Capullo (I)
Su nombre era Antonio Vidal Torres y vivía en la calle del Reloj, en el último rellano de las escaleras antes de llegar a la puerta de la torre, de la cárcel antigua, es decir, al cruce con la calle de San Juan. Su apodo por el que era conocido por todo el pueblo era "Capullo". Enjuto, socarrón, amante de la banda de música a la que acompañaba siempre detrás del papelero, porque el fue músico en su juventud y directivo cuando abandonó el instrumento. Trabajó en la casa banca de don Gaspar y cuando cerró en la Bodega Cooperativa. Allí lo conocí más a fondo en la temporadas que estuve contratado de pesador de tractores en temporadas de vendimia.
Su divertimento era gastar putadas a troche y moche. Era único inventando bromas, algunas pesadas, y por este motivo es recordado en Pinoso.
Contaremos todas las que yo conozco por haberlas vivido u oído de su propia narración o de la de sus amigos y conocidos.
Empezaré por una de las muchas que tiene con petardos y carretillas de por medio.
En La Peña contrataron a un conserje que el pobre, un poco achacoso, tenía el defecto de quedarse durmuiendo a eso del mediodía. Se subía al piso de arriba y en aquellos sillones incómodos de madera, inclinaba uno apoyándolo solo con las patas traseras, y con la espalda en la pared, hacía una siesta del borrego.
Llegaba "Capullo" y más socios cuando salían a la una del trabajo. Le preguntaba al barman: I el periòdic? No lo ha bajado el conserje, estará arriba. Subía buscando el ABC y se encontraba al señor durmiendo. Recollons, quines hores de dormir!, musitaba.
El caso es que lo sorprendió de aquella guisa en más de una ocasión y se dijo: Este no torna a quedarse dormint a la una del migdia!
Cogió el petardo final de una traca, con un hilo de alambre le dio unas unas vueltas e hizo un colgante. A la mecha le colocó un cigarro y al día siguiente, entró por la puerta trasera de la sociedad cultural, subió al primer piso, encendió el cigarro unido a la mecha del petardo y colgó el artefacto en el cruce de maderitas que tienen estos sillones para reforzar las patas. Salió a la calle y a la altura de la tienda de Paco el "Barato" se oyó el estruendo provocado por la explosión del petardo.
El conserje pidió la baja voluntaria del trabajo al día siguiente.
Su divertimento era gastar putadas a troche y moche. Era único inventando bromas, algunas pesadas, y por este motivo es recordado en Pinoso.
Contaremos todas las que yo conozco por haberlas vivido u oído de su propia narración o de la de sus amigos y conocidos.
Empezaré por una de las muchas que tiene con petardos y carretillas de por medio.
En La Peña contrataron a un conserje que el pobre, un poco achacoso, tenía el defecto de quedarse durmuiendo a eso del mediodía. Se subía al piso de arriba y en aquellos sillones incómodos de madera, inclinaba uno apoyándolo solo con las patas traseras, y con la espalda en la pared, hacía una siesta del borrego.
Llegaba "Capullo" y más socios cuando salían a la una del trabajo. Le preguntaba al barman: I el periòdic? No lo ha bajado el conserje, estará arriba. Subía buscando el ABC y se encontraba al señor durmiendo. Recollons, quines hores de dormir!, musitaba.
El caso es que lo sorprendió de aquella guisa en más de una ocasión y se dijo: Este no torna a quedarse dormint a la una del migdia!
Cogió el petardo final de una traca, con un hilo de alambre le dio unas unas vueltas e hizo un colgante. A la mecha le colocó un cigarro y al día siguiente, entró por la puerta trasera de la sociedad cultural, subió al primer piso, encendió el cigarro unido a la mecha del petardo y colgó el artefacto en el cruce de maderitas que tienen estos sillones para reforzar las patas. Salió a la calle y a la altura de la tienda de Paco el "Barato" se oyó el estruendo provocado por la explosión del petardo.
El conserje pidió la baja voluntaria del trabajo al día siguiente.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Títulos nobiliarios
Morales, un guardia civil jubilado que vivió en Pinoso, tiene un par de anécdotas con salero. Una de ellas estaba referida a los dos hijos varones del "conde", el popular pinosero que vivía en las Cuevas. Decía Morales que el "conde" tenía dos hijos con título nobiliario: uno era conde y el otro vizconde.
Imagino que Juan no se lo tomaría a mal.
Imagino que Juan no se lo tomaría a mal.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)