viernes, 9 de noviembre de 2012

La opinión de los políticos

     Estoy harto de frases como: esto no hay que politizarlo, esto no tiene nada que ver con la política, yo estoy al margen de ideologías...
     Estoy harto de personajillos de generación espontánea, surgidos al albur de una asociación (formada por una decena de personas) que se arrogan el conceder el pan y la sal a quienes son representantes municipales, elegidos en urnas democráticas, respaldados por organizaciones centenarias con aval de gestión del que tienen que responder ante propios y extraños a los cuatro años de su investidura.
     Cuando alguien, grosera y maleducadamente, se arroga el poder de dejar hablar en una reunión o en una asamblea a este o a esotro, con la muletilla de: esto no hay que politizarlo. Cuando alguien en un pseudomedio de comunicación digital, se retrata en esa misma posición, yo apelo al sentido democrático y digo: ¿Pero es que no es al final de todo, cuando los polítios toman las decisiones que nos afectan? ¿Quién va a dictar las leyes, quién las va a modificar, quién las va a derogar? ¡Los políticos! Nuestros representantes van tomar las decisiones que rigen nuestro cotidiano devenir.
     Entonces, ¿qué empeño en no escuchar su opinión en el camino? ¿No será mejor que se expresen y conozcamos su sentir? De esta manera, ellos, maestros en entrar en contradicciones, en bailar al son que les tocan, podrán ser criticados y valorados, siendo su decisiones conocidas por el común, analizadas, consensuadas y más acertadas a la hora de la decisión final, si podemos debatirlas con ellos.
     Cuando alguien crea una asociación que defiende al frailecillo y no crea una asociación de que defiende a los magnates de los casinos, se ha posicionado políticamente. No militará en sindicatos y/o partidos políticos, pero su ideología se entrevee como los bolets en la sierra. No me vale lo de esta asociación no está politizada. Política es todo lo que discurre en la sociedad, su organización, su gestión. Y para ello nos reunimos en asociaciones, en partidos, en sindicatos, nadie es apolítico.
     No nos escudemos en la asepsia política, no existe. Cada una de nuestras decisiones, de nuestras opiniones, de nuestros actos son gestos de nuestro reflejo diario en la sociedad que nos ha tocado vivir. Quizá en una tribu de Tanzania, el matar una gacela o un ñu para comer, no sea una decisión política. Quizá no tomen ninguna en su vida, pero en el mundo organizado que conocemos, el bautizar o no a un hijo, el colaborar con un óbolo en una campaña, el que tu hijo vaya a la pública o a la privada, el que te guste en fútbol o el voleibol o el sumo, sean decisiones políticas. Nos guste o no.
    Y prohibir hablar a un político en una reunión, no es una decisión acertada y dice del talante del/de la prohibidor/a, que podía repensar su situación, que quizá responda a estados de insatisfacción personal. Porque en el fondo un político es un ciudadano, con cargo y misión encomendada por la mayoría, pero un vecino más, y por ende, respetable.

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