domingo, 24 de marzo de 2013

Tango


Las paredes de mi mundo están
selladas de anaqueles,
sueño Buenos Aires
como ciudad llena de fantasmas.
El tejuelo de libros empolvados
añora índices que
le saquen de su ostracismo secular.
El amor es castigado en los cafés
y tan solo los fuegos de San Telmo
castran las esperanzas ahogadas
en una ciénaga pestilente.
Añoro la bahía
donde desde mi exilio,
volvía cada tarde.
El tango es una ceremonia seria,
escuchar a Gardel con mi frente
apoyada en tu frente, es la antesala
de una coreografía improvisada,
de adivinación y de suspense.
Una danza que nace en un burdel
merece coronar los altares de
una doctrina laica
nacida del pueblo,
vagada por el arrabal.
La luz cae desangrada
entre las hojas de los árboles
y mis dolores se amortiguan, al abrirse
la puerta del paraíso vespertino
en consonancia
con el deseo
de retoñar al alba tras consumirme
en el desenfreno de tus muslos,
cadencia arrítmica
a la que me sometes.
Y soy inconsciente de mi reflejo
en el río de la Plata
en turbia sombra
que baila mis pasiones
y mis deseos
alicortados.
Me atenazo bajo gélidas aguas
que derriten tu particular infierno.
Y gozo en mi ocaso decadente.

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