martes, 9 de abril de 2013

Diego, te digo que te dije...

     No se puede ser más enrevesado. Y es la palabra más suave que encuentro para esta perogrullada. Ni el más sofisticado de los trabalenguas puede parecerse a esta gilipollada que acabo de leer: EL EMBAJADOR DE CATAR REVELA QUE EL REY HABLÓ ESTOS DÍAS CON EL EMIR.
     La gilipollada no es que el rey hable con el emir, eso forma parte de su "affair", lo que es infamante es que luego llegue el yerno y le diga que ha pensado trasladarse al emirato a trabajar de ayudante de Valero Rivera, en un país con el que no tenemos convenio internacional de extradición.
     Mira yo soy Juan Carlos, y le contesto: ¿Pedo hombde de que te cdees que he estado hablando yo con el emid, de Codina? Bueno, también.
     Esto es un diálogo de besugos como tantos que se cuecen en la vida política. Si la figura del rey no tiene valor postal, ¿qué ninot es?
     Los discursos se los escriben y se los supervisa el gobierno, cuando sanciona (que no significa que castigue) una ley, está más trillada que la mies en septiembre, cuando Iñaki le cuenta la milonga del emirato, él ha sido el que le ha buscado el empleo, para que no se aburra y al tiempo huya de la persecución mediática.
      Los yernos, la hija, la mujer viajando para estar el menor tiempo juntos. Esto ha tocado fin. No podemos vivir de un acto histórico que fue trascendente: su intervención en el golpe de estado. Si una persona me salva de un golpe pero a lo largo de los años me da otros, sableando economías, forzando prerrogativas, desacreditándose a cada momento, no me valen coplas.
     Si el que inventó la bomba de cobalto, útil en su día para combatir procesos cancerosos, luego utilizara el mismo estudio para fabricar la atómica con fines bélicos y matar a miles de humanos, la sociedad no puede estar agradeciéndole toda la vida el primer invento, porque ha colaborado en crímenes de lesa humanidad, y su primera acción se vería ensuciada por la siguiente.

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