jueves, 12 de julio de 2012

El modesto y el obispo

    Hay declaraciones que me sacan de quicio. Son inverosímiles. Aquí alguien nos está tomando el dinero (pelo). Esto es para tomárselo a broma o indignarse hasta el punto de...
    Leo ayer que en el juicio sobre la CAM, Modesto Crespo, soltó lo siguiente: "mi trabajo consistía en reunirme con represetantes de instituciones políticas y empresariales, visitar al expresidente Camps y al obispo de Alicante".
    ¿Qué es el obispo de Alicante, una institución política o empresarial?
    A ver si nos aclaramos. Modesto Crespo es un empresario vendedor de automóviles al que su amigo Camps metió de presidente de la Caja de Ahorros del Mediterráneo para que le aflojara la guita a donde el dijera, sin más, a tenor de las declaraciones entrecomilladas. Y para obtener préstamos en condiciones ventajosas para sus empresas. Y para Terra Mítica, y para... lo que le dictara el absuelto por un jurado popular, Francisco Camps.
    No puso cortapisa ni valladar a las infamantes retribuciones de la Sra. Amorós para que no le tacharan de sexista, ya que era la única mujer de la cúpula directiva de la entidad. Y el "Caballero de Gracia me llaman", como los titos ya salían de la estafa de las cuotas participativas, firmaba a diestro y siniestro el expolio de una entidad más que centenaria, blasón de los alicantinos.
    Esto es una infamia, porque sigo insistiendo: ¿De qué tenía este señor que hablar con el obispo? ¿Le vendió cuotas participativas? ¿Le aconsejaba cómo invertir, cómo gastar? Pero señor Modesto y señor Obispo, si la Iglesia es una congregación de fieles sin ánimo de lucro, ¿para qué tanta reunión con los banqueros? Algo huele a podrido en Dinamarca, escribió Shakespeare. Y yo transmuto Dinamarca con Alicante.
    Y hablando de la Santa Iglesia Católica. ¿Se han dado cuenta que en toda la retahíla de recortes vocedados por Rajoy y aplaudidos por el grupo popular del Congreso en un espectáculo que parecía una bufonada, a no ser por el dramatismo implícito, no se mencionó en ningún momento a los millones de euros pesetas que se lleva Iglesia. En el templo no entra la tijera, ni el afilador. Continuamos para bingo.

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