martes, 26 de junio de 2012

Antifaces y plumeros

     Una de los reproches que nos hacen a los militantes de los partidos es que llevamos antifaz. ¡Quítate el antifaz!, nos dicen cuando vertemos una opinión sobre la res pública, que es el origen de la palabra república, para instrucción de legos.
     Y yo siempre digo que no llevamos antifaz, como mucho orejeras como las caballerías, que impiden ver otra cosa que no sea lo frontal. Y eso lo reconozco, siempre vemos lo que nos conviene a nuestro discurso. No quiere decir que distorsionemos la realidad. Lo que hay delante es tan real y verdadero como lo que hay detrás o a los lados, pero nuestra obsesión es empujar al carro, y eso no se hace despistando la mirada.
     Ponerse un antifaz es esconder la cara, y un militante hace justo lo contrario. Los que se ponen antifaz son los que escondiendo los sentimientos políticos, opinan con "neutralidad" del devenir diario. Pero el plumero es una cosa que se les ve a poco que te fijes. En nombre de "yo no soy de ningún partido", se han vertido opiniones sectarias y cicateras a porrillo. Cuando alguien se declara neutral, es un porigós de dretes. Yo he llegado a escuchar esta frase de un amigo mío: Yo soy ácrata de derechas. Sin comentarios.
      Y en castellano una frase que contenga dos negaciones es una afirmación. Cuando decimos "no quiero que no me digas eso", estamos diciendo que quiero que me lo digas. Y la frase "yo no soy de ningún partido" es la misma que decir "yo soy de un partido". Es ponerle antifaz a una frase, pero se le ve el plumero.


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