miércoles, 4 de abril de 2012

Carocho (I)

     Evedasto Albert Poveda "Carocho" fue un personaje muy peculiar que recuerdo de mi infancia. Era bajito y tocado con un sombrero se le veía en invierno en los rincones tomando el sol, calentando su pequeño cuerpo para así ahorrar luz o leña en su hogar de la calle Corzo. Era más agarrado que un chotis y lo peor que se le podía hacer era pedirle una peseta.
     Cuando se encontraba en el rinconcito que la actual tienda del "Tirabeque" hacía en la plaza de Colón, nos acercábamos y le decíamos: Tio "Carocho" mos estrena? Una pesseta p'a tots! Y Evedasto nos contestaba: Vaig a casa a portarme-la, no vos menejeu d'aqui.
    Y ya no volvía a pasar por la plaza Colón en tres meses por si  nos veía allí y le recordábamos la promesa del estreno. Otra de las bromas que le queríamos hacer era ponerle amarillo el sombrero de paja que lucía. Y el Séneca preparaba mezclas de aceite, azafrán, vinagre y todo lo que había en las despensas para conseguir el deseado líquido, pero no se consiguió jamás. Uno lo entretenía hablando y otro por detrás le derramaba la botellita.
   Cuando se quedó viudo de Remedios, siguió viviendo solo hasta su muerte. Era de familia pudiente y tenía dinero, entre otras cosas porque no gastaba.
     Al poco de quedar viudo, se cruzó un día con Juanito el de la Pigua, el añorado Juanito, que le preguntó cómo le iba.
     Evedasto le dijo que se encontraba muy solo, que se acordaba de Remedios a toda hora, a la de comer, a la de pasear, ahora -dijo- en la cuestión de la cama no la echaba de menos:
     Jo tinc una marraixa buida, la pose a calfar al foc i quan està calenta, en el coll de la marraixa, m'arregle.

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