lunes, 28 de mayo de 2012

¿Obligación o devoción?

    ¿Es obligatorio que una pedanía haga la fiesta cada año? ¿Qué presión virtual tiene un/a pedáneo/a para enfrascarse en estos dislates?
     Porque dislate es lo que ocurrió en la primera fiesta de pedanías de este 2012. El tiempo viró a frío tras unas semanas de calor veraniego. Y la noche de la verbena y la tarde de la procesión eran de las que no da gusto estar en la calle. Así, en la hora donde se presume que el "conjunto" va a estar más acompañado, no había más de una veintena de almas ateridas. Y peripatética fue la procesión.
     Una procesión se debe hacer si participa la gente, como fieles o como público. Pero si ya al santo lo hemos de sacar en carrito porque no hay porteadores desde hace años, si cada vez la afluencia de vecinos es menor -la de políticos no da problemas, están casi todos- si no tenemos presupuesto para música y así unos cuantos pormenores más, habría que pensarse si esto se hace por devoción o es una obligación del representante municipal en la pedanía. Os recomiendo ver la procesión que sale en la película Orson West, cuando se estrene en Pinoso.
     Vamos a ver, una procesión no se debe hacer con unos cuantos chavales tocando unos tambores y unas cornetas, como si fuera Semana Santa. En un traslado de Santa Catalina de casa a casa, todavía tiene un pase, pero si hablamos de procesión, la música es otra. No podríamos llevar un grupo de guitarras cantando villancicos, ¿no? Pues de la misma forma no debemos acompañar con cornetas y tambores.
    Evidentemente el argumento que justifica esta organización es que no hay aportación municipal como antaño, y que los vecinos -divididos o no- no colaboran económicamente. Y así no se puede hacer. Pues que no se haga. Lo único que hay obligatorio es esta vida es la muerte, lo demás es añadidura.
     El problema es el de la pescadilla que se muerde la cola. Si hay pedáneo/a, éste/a intenta justificar su nombramiento organizando la fiesta. Si no hay de uno/a no hay de otra. Esto es una falacia, porque la fiesta del Faldar, la del Barrio de San Juan, la del Rocío, la del carrer Sant Roc, otrora, se hace sin pedáneos/as, sino con gente más o menos organizada y con un colectivo detrás que respalda su ilusión y su trabajo.
     Mi reflexión acaba diciendo que no pasa nada porque en una pedanía no se organice la fiesta. Que un pedáneo/a tiene preocupación suficiente durante el año, para justificar su  puesto, Que las cosas no se deben hacer por obligación, por mantener una tradición, si esta no lleva una buena dosis de devoción, o lo que es lo mismo, de ilusión del colectivo.
    El carrer de Sant Roc, que consiguió hacer una fiesta de relevancia, dejó de hacerla cuando se empezó a rozar el ridículo, el cutrerío. Y quedó buen recuerdo de aquellos momentos, no hace falta estirar el cichle, porque se seca y se rompe.

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