lunes, 13 de febrero de 2012

Guindilla

     Teniendo las entradas de Pîzarro y Montoro, nos faltaba el plato fuerte: de Guindos.
     No tiene desperdicio el sottovoce que se le escapó en Bruselas: "la reforma va a ser extremandamente agresiva". Chico, ¡la alegría de la huerta! Se podía bailar un chotis con la ministra Ana Pastor, que también va repartiendo sonrisas y frases como "se ha acabado la era de las obras faraónicas". De ella y de Fomento ya nos ocuparemos.
     Estamos con de Guindos, cuyo chiste fácil es que no se ha caído del idem. Pero a este tipo de personal que se le afloja la "mui" cuando están en el extrangero, le puedo decir que, suelten la liebre donde la suelten -ya sea en Flandes como en La Alcarria-, no nos cae de susto.
     ¿Saben donde trabajaba antes el ministro de Economía? Fue consejero asesor para Europa de Lehman Brothers, el banco que quebró y que en su caída provocó la actual crisis mundial.
     ¡Un ejemplo, vamos! Y en reconocimiento a su pasado glorioso, Rajoy lo pone de can Cerbero para que controle no de cerca, sino dentro, la economía española.
     Así con tal elemento en el gobierno, los de siempre asegurarán sus pingües beneficios, a cambio de adelgazar las cuentas del Estado. Que no se preocupen los que invierten en la compra de deuda soberana española, que no pinchan. Hoy por hoy el Banco Central Europeo está prestrando dinero al 1% a los especuladores para que compren deuda soberana de los países con una rentabilidad entre el 4-5%, según en que país "arriesguen" y compren.
     Este señor es el que ha de controlar el déficit de nuetras cuentas estatales, aunque en el cepillado se rasure el estado del bienestar, o de que aumente el número de parados hasta cifras tercermundistas.
     A este desa-guisado no le hacía falta más guindilla, ya es incomible. Provoca arcadas a la cuidadanía que sufre vaivenes por la ambición desmesurada de otros en el pasado reciente, y desmayos en el presente. cuando ve, que a pesar de la crisis, todavía hay quien sigue sangrando al débil para que la trasfusión le siga engordando su ambición.

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