jueves, 8 de marzo de 2012

Trotamundos

     "Se fue por ese mundo adelante tan contento de la vida libre, que (...) no echaba de menos la abundancia de la casa de su padre, ni el andar a pie le cansaba, ni el frío le ofendía, ni el calor le enfadaba, (...) tan bien dormía en parvas, como en colchones" (Miguel de Cervantes, Novelas Ejemplares).
     Fue leer este párrafo de Miguel de Cervantes y no me lo pensé dos veces. No encontraba trabajo estable, en mi casa vivía bien, pero no era cosa de andar a la coca boba. El mundo estaba ahí, carretera adelante, y mi futuro no podía ser internet, los whatsapp, la tele y las copas con la misma gente en el mismo tugurio de costumbre.
     Lo comenté con mi hermano primero, luego con mis padres. Juan lo entendió, pero ellos verbalizaron todos los miedos. Que ¿dónde iba a ir?, que ¿con qué dinero?, que ¿qué iba a hacer? Mi respuesta no tenía respuesta. Si fuera capaz de constestar a la sarta de preguntas, mi aventura no sería tal aventura, sería un proyecto diseñado. Pero esto mío era una huida hacia adelante, un caminar sin volver la vista atrás, era ir a conquistar un nuevo día sin preveer que pasaría el segundo.
     Por eso salí sin maleta, ¿qué más daba un pantalón más, unos calcetines más? Si no tenía dinero para una pensión, una maleta iba a ser un objeto pesado que me haría caminar lastrado.
     La última noche que pasé en casa no cené. Si al día siguiente no tenía el sustento asegurado, el estómago un poco más saciado no me iba a sacar de apuros. Ni me duché por la mañana, total a las horas iba a oler a puerco espín.
     Tardé en decidirme qué camino tomar. El pueblo tenía cuatro carreteras, siguiendo los puntos cardinales. Al norte estaba la europa de los mercaderes, al sur al-andalus, al este la costa más cercana, al oeste la llanura, la extremadura y la ilusión lusitana.
     Desperté a Juan y le planteé mi duda. Me dijo que no me lo pensara, el oeste.
     Y hacia allí me dirijí con el alba.

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